Cuando sabes que va a ser «él»

boda ly j

Hay veces que sabes que las cosas van a terminar incluso antes de que hayan comenzado. Notas que esos momentos van a dejan de ser tuyos cuando ni siquiera has llegado a vivirlos. Pero lo asumes, y los dejas pasar. Es una historia con final anunciado.

Sin embargo, otras veces, sientes la gran cantidad de historias que van a acompañar algo que todavía no es tuyo, pero los recuerdos ya empiezan a construirse en tu mente porque notas que has encontrado la llave de todas las puertas que hay a tu alrededor.

Eso fue lo que me pasó cuando conocí a Jorge. Tuve esa sensación de que siempre había estado allí y de todas las cosas que habíamos hecho juntos, pero en ese momento, apenas habíamos cruzado una mirada.

No soy una persona sensiblera, ni mucho menos enamoradiza. Sin embargo, en nuestro primer café guardé el azucarillo que había usado y sentí que era la única manera de materializar las historias que vendrían.

Es como si alguien hubiera puesto mil cajas de regalos delante de ti, y sabes que todas esconden algo bonito dentro, aunque ni siquiera las hayas abierto.

Lo siguiente que guardé fue un bote con arena de las primeras vacaciones juntos. Es curioso como de los buenos momentos siempre hacemos fotografías para poder recordarlos, y sin embargo es algo tan pequeño como una piedra, un puñado de arena o un trozo de papel con azúcar dentro lo que permite que tu mente empiece a construir puentes desde la ventana de tu presente a la de tu pasado. Y todas esas sensaciones vuelven a ti, o eres tú el que vuelves a ellas, y se te queda cara de tonto porque están viajando en el tiempo pero nadie de los que están a tu alrededor sabe dónde te has marchado.

colección arenas

El mes que nos casamos teníamos ya un buen puñado de pequeños botes etiquetados con arena dentro. Cada bote un viaje, y cada viaje una historia. Puedo recordar cientos de momentos que no guardo en fotografías sólo mirando esos minúsculos pedazos de playa. Puedo escuchar nuestras conversaciones, oler ese aire, sentir el agua salpicándome y notar el sol quemándome los hombros.  Esa arena es la que forma el puente hasta mis recuerdos.

boda Ly J

Entonces conocí a Teresa. Y a sus cápsulas. O ellas llegaron hasta mi porque iban a ser mi hombro más adelante. No se cómo pasó. Pero un día Teresa me presentó su proyecto y yo empecé a ver todas las historias y los recuerdos y supe que eso no era un final anunciado.

Así que cuando llegué de nuestra luna de miel, Teresa y yo nos pusimos manos a la obra y montamos mi propia playa de Zanzíbar dentro de una cápsula.

Tanzania Ly J

 

Tanzania león

Es como guardar la felicidad en un bote. Es tener el arrecife de coral de Tanzania en diminutos trozos, mezclado con arena, y y guardados bajo llave.

atardecer sabana

Es cada uno de los hoteles que visitamos en el viaje, todas las horas de autobús y todos los atardeceres en la Sabana.

Es tener todos los abrazos y los besos juntos, para que no se pierdan, y mezclarlos con mojitos y con gofres. Son los 4 kilos que me gané durante el viaje a base de “todo incluido”, y son las melodías que tocaba un hombre una noche oscura, con su guitarra, en las playas de una isla.

Mojito Zanzibar L y J

 

 

Es curioso como las cosas más importantes para nosotros son las que nos caben en la palma de una mano. O dentro de un pequeño frasco.

 Yo he metido uno de los momentos más felices de mi vida en una cápsula, y me la he colgado al cuello.

cápsula leticiacapsula leticia live the life

 

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